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¡Esperamos que los materiales de esta sección te resulten de interés y ayuda!

Los (muchos) beneficios de dibujar

Han sido bastantes las ocasiones que desde esta despensa hemos reivindicado a través de distintos artículos y reflexi ones los muchos beneficios del acto de dibujar en todas las edades, desde las más tempranas a las más adultas  y tanto en el ámbito educativo reglado como fuera de él. Este otro artículo de  Jaime Rubio Hankock titulado significativamente “Los beneficios de dibujar y colorear de adulto, aunque no tengas ni idea” viene a sumarse a la larga lista de argumentos y beneficios educativos, emocionales y cognitivos del simple acto de dibujar, que ya se expusieron en aquellos artículos y entradas.

De éste mismo que hoy compartimos,  extraemos algunos párrafos significativos, pudiéndose leer el artículo completo en el enlace antes indicado: A todos los humanos nos gusta dibujar desde hace unos 40.000 años. Y es algo que podemos hacer casi todos. Tal y como escriben en Scientific American: “Dibujar es simplemente hacer líneas y puntos en el papel. Si sabes escribir tu nombre, puedes dibujar”. Es más, comenzamos a dibujar antes de saber leer y escribir. Todos los niños han dibujado en algún momento de su vida. Para ellos, escribe Banks, el dibujo “es una forma de aprender sobre el mundo en el que viven y acerca de su lugar en él”. ¿Y por qué dejamos de hacerlo? Banks sugiere que muchos niños “descubren otras formas de explorar su mundo, se involucran en otras actividades o, más a menudo, simplemente pierden interés.

Su conocimiento se desarrolla más deprisa que su habilidad motora”, por lo que llega un momento en el que “no saben dibujar lo que su cerebro ve”, lo que ocurre sobre todo cuando a partir de los 8 o 9 años intentamos plasmar la perspectiva. A consecuencia “se frustran y pierden interés”. Banks añade que los esbozos, dibujos rápidos, diagramas improvisados y demás son “un ejercicio en pensamiento libre, sin limitaciones. A menudo representan una forma de soñar despierto de forma gráfica que es beneficiosa para el proceso creativo del mismo modo que la preparación de un atleta ha de preceder a sus resultados”. Estos dibujos rápidos también “incrementan la destreza manual y refuerzan la conexión entre tus actividades motoras y tu sistema visual”.

Si tan evidentes  y científicamente demostrados son todos estos beneficios del dibujo, la pregunta del millón es: ¿Por qué entonces no se fomenta más y se le da más espacio y valor  en la escuela  y en los centros de secundaria? ¿Por qué en  primaria no hay especialistas o formación específica en Educación Artística? ¿Por qué se suprimen cada vez más horas lectivas de las materias artísticas en secundaria? ¿Por qué  algunos de nuestros  ministros piensan que el dibujo puede “distraer” al alumno? Ya lo decía el gran artista conceptual Bruce Neuman: “Dibujar es otra  forma de pensar”. Tal vez por eso mismo, dibujar sea peligroso y es mejor que el niño o el adulto se dedique a otras cosas más productivas que el pensar, que no puede depararle en la vida nada bueno. Debe ser eso, entonces.

Fuente: La despensa de Leonardo

Cómo enseñar al niño a ser autónomo

Una de las frases que más escucho a mis alumnos es: – No puedo, ponme la chaqueta, los zapatos, abróchame la bata… La primera reacción es ponerle la chaqueta porque no sabe, aún es pequeño o hay prisa y es más rápido si lo hago yo. De esta manera no ayudamos a que el niño crezca siendo autónomo, es decir, que se valga por sí mismo. ¿Por qué es importante que el niño sea autónomo? Hay varios motivos y destaco dos que se relacionan entre sí, como si fuera un círculo de consecuencias: cuando el niño consigue hacer algo por sí mismo y sin ayuda del adulto aumenta su autoestima. En el momento que el peque dice “Lo hago yo solo” y tú le dejas sentirá placer al comprobar que él puede y que se hace mayor. A la vez, comprobar que él puede hacerlo y lo ha conseguido le produce seguridad en él mismo. Esta seguridad la utilizará para repetir lo que ha aprendido y para atreverse con próximos retos.

¿Cómo le puedes enseñar a ser autónomo? La adquisición de la autonomía es un trabajo del niño y del adulto que le acompaña. A medida que el niño va adquiriendo autonomía en los hábitos de higiene, en la alimentación, en el vestir, en la convivencia, etc., se va sintiendo más seguro, tranquilo y con ganas de aprender. Enséñale a ser autónomo teniendo en cuenta su edad. Tu actitud positiva, tu estar presente en este proceso dará seguridad a tu peque porque se siente acompañado. Te propongo una orientación: En una situación, por ejemplo, en la que tu niño de 3 años te diga: – No puedo ponerme la chaqueta, pónmela tú. Le miras a los ojos y le respondes: – Sí que puedes, yo te ayudo: sujeta la chaqueta con las dos manos y primero mete un brazo y luego busca la otra manga. En este momento, mírale y ves guiándole si lo necesita. Dale tiempo, diez minutos para ti es mucho y para él poco cuando se está aprendiendo. Tu paciencia la necesita. Puedes ir a hacer otra cosa, como ponerte tú también la chaqueta o los zapatos si marcháis a la calle sin alejarte demasiado para estar pendiente de él.

Una vez puesta la chaqueta reconócele su esfuerzo, le puedes decir: – Muy bien, te la has puesto tú sólo, ¿verdad? Lo has conseguido. A medida que el peque vaya aprendiendo retírale tu ayuda hasta que veas que ya no la necesite. Es decir, primero pónselo fácil para que lo consiga y se sienta motivado, como por ejemplo, gira las mangas si están al revés y le coges la chaqueta para que meta los brazos. A medida que va progresando da un paso más y enséñale a girar las mangas y a que coja la chaqueta para meter los brazos. Observar los pequeños progresos día a día y valorárselos es para él una motivación importante y necesaria para continuar creciendo. Los mensajes positivos y tu presencia sin prisas le beneficia.

Fuente: Noelia Murillo 

La eñe también es gente (María Elena Walsh)

“La culpa es de los gnomos que nunca quisieron ser ñomos. Culpa tienen la nieve, la niebla, los nietos, los atenienses, el unicornio. Todos evasores de la eñe. ¡Señoras, señores, compañeros, amados niños! ¡No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración. Ya nos redujeron hasta la apócope. Ya nos han traducido el pochoclo. Y como éramos pocos, la abuelita informática ha parido un monstruoso # en lugar de la eñe con su gracioso peluquín, el ~. ¿Quieren decirme qué haremos con nuestros sueños? ¿Entre la fauna en peligro de extinción figuran los ñandúes y los ñacurutuces? ¿En los pagos de Añatuya cómo cantarán Añoranzas? ¿A qué pobre barrigón fajaremos al ñudo? ¿Qué será del Año Nuevo, el tiempo de ñaupa, aquel tapado de armiño y la ñata contra el vidrio? ¿Y cómo graficaremos la más dulce consonante de la lengua guaraní? “La ortografía también es gente”, escribió Fernando Pessoa. Y, como la gente, sufre variadas discriminaciones. Hay signos y signos, unos blancos, altos y de ojos azules, como la W o la K. Otros, pobres morochos de Hispanoamérica, como la letrita segunda, la eñe, jamás considerada por los monóculos británicos, que está en peligro de pasar al bando de los desocupados después de rendir tantos servicios y no ser precisamente una letra ñoqui. A barrerla, a borrarla, a sustituirla, dicen los perezosos manipuladores de las maquinitas, sólo porque la ñ da un poco de trabajo. Pereza ideológica, hubiéramos dicho en la década del setenta. Una letra española es un defecto más de los hispanos, esa raza impura formateada y escaneada también por pereza y comodidad. Nada de hondureños, salvadoreños, caribeños, panameños. ¡Impronunciables nativos! Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece. Algo importante, algo gente, algo alma y lengua, algo no descartable, algo propio y compartido porque así nos canta. No faltará quien ofrezca soluciones absurdas: escribir con nuestro inolvidable César Bruto, compinche del maestro Oski. Ninios, suenios, otonio. Fantasía inexplicable que ya fue y preferimos no reanudar, salvo que la Madre Patria retroceda y vuelva a llamarse Hispania. La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software. Luchemos para no añadir más leña a la hoguera dónde se debate nuestro discriminado signo.
Letra es sinónimo de carácter. ¡Avisémoslo al mundo entero por Internet! La eñe también es gente.”

Fuente: habiaunaveztruz

Por qué la leche materna es lo mejor

La leche materna es el mejor alimento que existe para los bebés. Hay estudios que demuestran que si alimentas a tu bebé exclusivamente con tu leche hasta que tenga por lo menos tres meses de edad, podrías prevenir que contraiga ciertas enfermedades respiratorias. Y si lo haces hasta que tenga por lo menos cuatro meses, es posible que también reduzcas el riesgo de que tenga infecciones en los oídos. Tu leche es un alimento completo que contiene todas las sustancias nutritivas que el bebé necesita (más de 400), incluyendo hormonas y componentes para combatir enfermedades que no se encuentran en las leches artificiales, o fórmulas infantiles. Más increíble todavía es el hecho de que su composición nutritiva cambia y se ajusta a las necesidades del niño a medida que éste crece y se desarrolla. Aparte de los beneficios que la leche materna ofrece en la formación del cerebro de tu bebé y en la lucha contra las infecciones, la lactancia te ayuda a crear un vínculo muy fuerte y especial con tu pequeño. Al amamantar, tu bebé también se “nutre” de tu cariño, el contacto directo con tu piel, y la seguridad que siente en tus brazos. La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda la lactancia exclusiva hasta los 6 meses.

Fuente: BabyCenter

Los niños pequeños y sus miedos

Es normal que tu niño pequeño tenga miedo. Al fin y al cabo, la ansiedad es una condición natural que nos ayuda a sobrellevar nuevas experiencias y a protegernos del peligro. Algunos niñitos temen cosas o situaciones muy específicas como los insectos, los perros, la oscuridad o los ruidos fuertes, como el de la aspiradora. A otros les asustan las situaciones nuevas o las personas desconocidas. La mayoría de estos miedos, puedes estar segura, irán desapareciendo poco a poco a medida que tu hijito se vaya sintiendo más seguro de sí mismo y de su entorno.

Lo que tú puedes hacer para calmar sus miedos

Las siguientes estrategias te ayudarán a hacer que tu hijito se sienta más seguro, pero no esperes que tu pequeño supere inmediatamente sus miedos. Pueden pasar varios meses, o incluso un año, hasta que tu niño logre vencer un temor. Mientras tanto, no te sorprendas si tu pequeño parece estar obsesionado con lo que más le asusta, dibujándolo, diciendo que sus muñequitos tienen miedo, o hablando sobre el tema sin cesar. Ésa es precisamente su manera de elaborar sus inquietudes.

No menosprecies sus miedos. Puede que te parezcan tontos o irracionales, pero para tu niño son temores muy reales y serios. Procura no reírte ni tratar de disminuir lo que él siente cuando se asuste ante, por ejemplo, el ruido de una sirena de ambulancia o la descarga de agua del inodoro. Asegúrale que tú también sabes lo que es sentir miedo, reconociendo su aprensión y hablándole de algo que te asusta a ti (“A mami no le gustan las montañas rusas”). Al sentir tu comprensión y apoyo, tu hijo aprenderá que tener miedo es normal y que es mejor enfrentarse al miedo que tratar de encubrirlo. Si tratas de convencer a tu pequeño de que no hay nada que temer, seguramente el tiro te saldrá por la culata. Lo único que lograrás es que se sienta aún más molesto si le dices algo como, “No te preocupes, no hay ningún motivo para tenerle miedo al perrito”. Lo mejor que puedes hacer es ofrecerle seguridad y confianza diciéndole tranquilamente: “Sé que el perrito te da miedo. Me puedes dar la mano y caminar a mi lado. Si no quieres, te puedo alzar en brazos”.

Berrinches

¿Cuándo son más frecuentes? Pueden darse a toda edad, incluidos adultos. En los niños, se presentan mayormente entre los 12 y 48 meses de edad.

¿Qué son? Son la manifestación física y repentina de un enojo o frustración muy grandes. Su duración es variable, pero va disminuyendo de intensidad despacio.

¿Por qué se dan? Dicha frustración puede deberse a que no consiguió lo que quería, se le terminó algo que no quería que se terminara, no logra hacer lo que debía o simplemente hacer que sus padres le pongan más atención, ya que está cansado, tiene hambre o ya se aburrió.

¿En qué género son más recuentes? No hay distinción, igual se presentan en niños que en niñas.

¿Son normales? Sí. Son parte normal de desarrollo de la personalidad de cada individuo, aunque no se presentan en todos los niños. Son una respuesta cuando algo bloquea a tu hijo para ganar independencia o aprender una habilidad.

¿Por qué se presentan? Después del año de edad, los niños requieren mayor independencia, y es por eso que creen que merecen todo o pueden lograr más de lo que sus habilidades les permiten. Al no lograr una u otra cosa, se frustran y empieza el berrinche.

¿Cómo afecta el comportamiento de los padres? Los berrinches se presentan más frecuentemente cuando los padres se vuelven más exigentes por cosas sencillas o ceden siempre a las demandas de los niños (son muy consentidores).

¿Qué puedo hacer para disminuir los berrinches? No hay una técnica específica. Lo más importante es ver la causa y tratar de solucionarla juntos. Siempre invítalo a participar para la resolución del problema, esto hará que se sienta apoyado y aprenderá a realizar la tarea que no pudo o simplemente se sentirá acompañado. Si es hambre, dale de comer, si es sueño, hazlo dormir, etc.

¿Si no funciona? Lo primero que debes hacer es mantener la calma, no compliques las cosas con tu propia frustración. Aquí te ponemos unos consejos:
1)    Distráelo. Preferentemente cambia la actividad que lo frustró por algo más llamativo. Recuerda, los periodos de atención de los niños son muy breves y fácilmente se distraen y olvidan.
2)    No lo regañes. Hay discusión entre no ponerle atención a un berrinche o decirle que está mal, tu pediatra te recomendará si ignorarlo está bien para tu hijo ya que el lo conoce muy bien. Como en la mayoría de las veces, el reforzamiento positivo es lo mejor. Cando haga las cosas bien, prémialo con un beso, una sonrisa o un abrazo (nunca con comida o juguetes) y en el momento del berrinche ponte seria y pregúntale si prefiere eso o un abrazo por dejar de hacerlo.
3)    Reconoce los límites de tu hijo. Nadie mejor que tú sabe los horarios de dormir, comer, descansar, etc. de tu hijo. No lo forces a rendir de más.
4)    Ponle tareas sencillas. Poco a poco ponle actividades para su edad y recompénsalo positivamente cuando las resuelva (esto te ayudará posteriormente cuando haga un berrinche como dice en el punto 2).
5)    Facilítale las cosas. Si ves que va a realizar una actividad no peligrosa, hácela más fácil.
6)    Muéstrale varias salidas. Enséñale varias opciones de como resolverán la situación, ya sea que se calme sólo o mandándolo a su cuarto a pensar. Si se calma sólo, dale un abrazo y dile que estás orgullosa, esto creará un reforzamiento positivo que se irá repitiendo.
7)    No des muchas explicaciones. Dile que no hablarás con tu hijo hasta que se calme. Esta forma de ignorarlo es muy útil, ya que le estás mostrando una forma de resolverlo juntos.
8)    Regla de oro. Nunca cedas a sus peticiones en base a un berrinche.
9)    No explotes. Si crees que estás en tu límite, déjalo en un lugar seguro y aléjate a un lugar calmado para que respires profundo y pienses claramente la solución.

¿Y si el berrinche  es por no poder hacer algo peligroso? Tómalo firmemente de los hombros, míralo fijamente a los ojos y haz una pausa. Dile que no debe hacerlo. Debes ser firme y consistente al negárselo. Recuerda, la seguridad es primero y no hay excepciones.

¿Qué pasa cuando pierdo el control? Si sumas tu frustración con la de tu hijo, harás más grande la frustración de él y será el cuento del nunca acabar. Respira profundo y piensa como resolverlo, sólo así aprenderá a tener autocontrol, sólo si tú lo tienes. El pegar o sacudir sólo empeorará las cosas.

¿Qué pasa cuando el berrinche es en público? Al igual que cuando es en un lugar peligroso, no trates de resolverlo ahí, llévalo a un lugar tranquilo y aislado.

¿Qué pasa cuando el berrinche es por algo que quiere y no le corresponde? Aquí si puedes emplear la técnica de ignorarlo, obviamente después de haberle explicado porque no se lo das. No des muchas explicaciones, con una simple seguida de tu seriedad es suficiente. Las explicaciones largas no sirven. Eso si, nunca lo pierdas de vista cuando decidiste no hacerle caso.

¿Qué pasa si me pega? Nunca dejes que te pegue. Si tú le contestas la agresión, pensará que es la forma correcta de actuar cuando estamos enojados. Simplemente dile que no te gustó, con cara muy seria y no le hagas más caso. Eso sí, nunca lo pierdas de vista cuando decidiste no hacerle caso.

¿Sirve mandarlos a su cuarto? Cuando ya están en edad escolar, sí. Mándalo el tiempo necesario para que se tranquilice y ambos piensen en una solución, que se tome el tiempo que él crea necesario (esto le dará confianza en su criterio).

¿Y si el papá llega de trabajar y lo recompensa con besos y abrazos? Es muy frecuente. Deben de platicar como pareja de que un castigo impuesto por uno de ustedes, se respeta. Si alguien retrocede al regaño, tu hijo sentirá que ganó y volverá a hacerlo. Lo mejor es seguir con el reforzamiento positivo cuando las cosas se hayan calmado.

¿Se quitan con la edad? Sí. Conforme tu hijo aprenda a manejar mejor sus emociones y a resolver situaciones difíciles, los berrinches serán cosas del pasado. Es muy importante que aprenda de ti la mejor forma de resolver la frustración, tú siempre serás su mejor ejemplo a seguir para el resto de sus vidas.

¿Qué pasa cuando los berrinches inician en edades escolares? En todos los mayores de 4 años, lo primero que debemos descartar son problemas de aprendizaje que no se hayan diagnosticado o problemas de interacción social. En estos casos, tu pediatra es el indicado para iniciar evaluaciones.

Recuerda, lo más importante es reconocer el origen de los berrinches. La frustración puede venir de una influencia negativa en la escuela, clases, calle, vecinos, familiares, etc. Siempre platica con tu hijo desde edades tempranas, enséñale que ahí estás para escuchar sus historias. Conoce a todos los que lo rodean y ponte alerta de las malas influencias.

Fuente: Dr. Carlos Armenta

¿Cómo influye el orden de nacimiento en la personalidad de los hermanos?

Imagínate por un momento que te vas de viaje con tus hermanos, siendo ya adultos…  ¿con qué situación de las siguientes te identificas más? – El viaje lo has estado planeando tú durante semanas, con todo lo que conlleva: reserva de hotel, coche de alquiler, restaurantes… tuviste en cuenta a tus hermanos en todo momento y buscaste tiempo y espacio para desconectar emocionalmente. Te ha llevado todo el día organizar las cosas de forma precipitada, ajustando los últimos preparativos y dejando tu hogar preparado para los días que vas a encontrarte ausente. – ¡Te suena súper divertido realizar el viaje familiar que tiene programado! No tienes nada organizado, tan solo disfrutar de la experiencia, reírte y pasarlo bien con tus hermanos. Disfrutas de cómo tu hermano mayor organiza todo y no has tenido que mover ni un pelo. ¿La situación número 1 te es familiar? Seguramente seas el mayor de los hermanos. Si la segunda encaja con tu persona o te sientes identificado, probablemente seas el hijo mediano. Si te quedas con la última, seguramente eres “el bebé” de la familia.

¿Por qué importa el orden del nacimiento? Muchos investigadores afirman que el orden en que se nace dentro de un núcleo familiar, es tan importante como el género y la genética. Esto nos lleva a plantearnos la eterna duda entre “crianza versus la naturaleza de las personas”. Dentro de una misma familia, no existen dos hijos que tengan los mismos padres. ¿Por qué? Los padres son diferentes con cada uno de sus hijos, ya que nunca toman el mismo papel o rol. Por ejemplo, si eres el niño que cuida al resto de tus hermanos, entonces tu hermano tomará otro papel, quizás el del triunfador.

Tres tipos de personalidades entre hermanos

El hijo mayor está programado para la excelencia y los logros, el hijo del medio es criado para que sea comprensivo y conciliador… y “el bebé”, busca atención. El resultado genera que el orden en que nacen los hermanos, sea una variable poderosa a la hora del desarrollo de la personalidad. Los 3 tipos de personalidades son las siguientes:

– El mayor: el triunfador. El hijo mayor suele tener más cosas en común con otros hijos también mayores, que con sus propios hermanos y hermanas. Son personas que dada su condición de primer hijo, han tenido más control sobre él sus padres, gozando de una gran atención al ser primerizos. Suelen ser personas muy responsables, en las cuales puedes confiar… saben comportarse; son cuidadosos con ellos mismos y sus relaciones personales, reflejando una versión de sus propios padres. Si eres el hijo mayor, seguramente te guste buscar la aprobación de los demás y conseguir grandes logros, simplemente porque estás predispuesto a ello. Se identifican en estudios y profesiones de liderazgo. Al ser el hermano mayor, intentas dominar a tus hermanos. Algo que caracteriza mucho a esta posición dentro de una familia, es que cuando “el bebé” número dos llega, el hermano mayor sentirá y experimentará un sentido de pérdida. Perder la posición de sentirnos únicos y la atención que antes era solo para nosotros, puede doler. Pero todo lo aprendido anteriormente, les permitirá cambiar rápido y con fuerza.

– El mediano: el pacifista. Los hermanos medianos suelen ser de carácter comprensivo, cooperativos y adaptativos, aunque de vez en cuando puedan reflejar características competitivas. Les importa mucho la igualdad y trabajarán dentro de la familia, por lo justo e igual para cada miembro. Suelen gozar de un círculo cercano de amigos, que representan una parte adicional de su familia. Como el hijo del medio, reciben la menor cantidad de atención de parte de su familia, y como resultado, estos compañeros de risas y experiencias que han elegido, constituyen su compensación. Suelen tardar un poco en madurar, pero acaban llevando con éxito carreras poderosas que les permiten usar sus habilidades de negociación, consiguiendo toda la atención que necesitan. El hermano mayor y el mediano, nunca serán buenos para lo mismo. El rasgo de personalidad que define al hijo del medio, suele ser el opuesto al del hermano mayor o menor. Lo bueno es que esas increíbles habilidades sociales que han aprendido gracias a ser el del medio, negociando en la estructura familiar, pueden prepararles para ser grandes emprendedores de éxito.

– El pequeño: alma de la fiesta. Si eres el pequeño de la familia, tus padres ya han conseguido la confianza suficiente dentro de sus roles como progenitores y cuidadores, lo que les hace ser más indulgentes y no prestar tanta atención a todos tus movimientos, como hacían antaño con tus hermanos mayores. Esta situación les lleva a aprender a recibir la atención de su alrededor, por medio de su simpatía y encanto. Tienen más libertad que sus hermanos, siendo más independientes. Presentan gran similitud con su hermano mayor, ya que ambos en los extremos son especiales. Encuentran su posición rápidamente y se sienten identificados con un lugar propio que les hace sentirse seguros. Suelen escoger carreras como actores, comediantes, directores, escritores y carreras semejantes. Pueden ser también buenos doctores y profesores. La flexibilidad de sus padres, les facilita una libertad exquisita para fomentar su creatividad personal. Tienen menos responsabilidades y, debido a esto, buscan experiencias con mucha responsabilidad.

¿Y si no tienes hermanos? Los hijos únicos crecen rodeados de adultos, siendo más verbales y maduros. Esta condición les permite ganar en inteligencia y superar con facilidad, cualquier otra diferencia en el orden de nacimiento. Pasar tanto tiempos solos, les lleva a ser más ingeniosos, creativos y creer en su independencia. También suelen tener mucho en común con sus padres, seguramente siguiéndoles en sus respectivas carreras profesionales.

Te invito a que en la próxima reunión familiar, observes con un poquito de detalle a tus hermanos y te fijes si percibes o no, las características de cada posición dentro del orden de nacimiento. Seguro te sacará una sonrisa. Y tú… ¿eres el mayor, el mediano o el pequeño?

Fuente: Comuna Mujer

Una buena disciplina se traduce en poner límites claros y avalar la buena conducta

¿Tus hijos se portan mal? ¿Estás cansado de su mal comportamiento y ya no sabes qué hacer? ¿El castigo, es un modelo  adecuado? En este artículo te ofrecemos consejos sobre cómo disciplinar a tus hijos e intentamos responder a las dudas principales de muchos padres y madres.

Ten presente que nuestra reacción frente su conducta forman parte de su aprendizaje y educación. Aprender valores y pautas de comportamiento es muy importante para su desarrollo como persona a lo largo de su vida. Ante un mal comportamiento, muchos padres dudan de si es bueno o no castigarles y en todo caso cómo deben hacerlo. En pocas palabras se trata de enseñar a los niños a poner límites a las distintas situaciones y a avalar la buena conducta. En este sentido, los límites no son sinónimo de castigo sino de enseñanza.

A la hora de dar consejos sobre cómo disciplinar a los hijos es importante tener presente la edad del niño. Más adelante se especifica por grupos de edad los principales consejos para disciplinar al niño, pero antes es interesante conocer cuáles son las reacciones que facilitan el cambio de comportamiento de los niños para todas las edades. Son consejos que ayudarán a que aprendan de sus errores y facilitarán un cambio de comportamiento:

  • Toma distancia: intenta ver la situación desde fuera ya que esto puede ayudarte a tomar una decisión más coherente, pues la distancia hará que seas más objetivo.
  • Recupera la calma: espera un tiempo prudente antes de dar una respuesta a la situación.
  • Céntrate en lo esencial: en general, se obtienen mejores resultados al fijarte en la esencia de una situación que sancionando a los niños por todo en general.
  • Anticípate a la situación conflictiva y planifica una estrategia.
  • Utiliza el sentido del humor y desdramatiza las situaciones.

Reacciones que bloquean a tus hijos

  • Hacerles reproches y acusarles.
  • Expresar órdenes.
  • Emitir frases desagradables.
  • Lanzar frases críticas.
  • Profetizar catástrofes: decirles que nunca van a conseguir algo.

Inculcar la disciplina a tus hijos según su edad

De 0 a 2 años:

  • En esta edad, los pequeños empiezan a descubrir su alrededor y suelen tener una gran curiosidad. Es por eso que es importante que elimines de su entorno cualquier elemento que pueda ser atractivo para ellos y que no puedan utilizar todavía o sea un peligro, como reproductores de música, joyas, productos de limpieza o medicamentos. Si se acercan a alguno de ellos tu reacción debe ser decirles “No” sin perder la calma, alejarlos del lugar e intentar que dirijan su atención hacia otra actividad.
  • Puedes utilizar la técnica “tiempo fuera”, por la cual les dejes unos dos minutos solos en un lugar sin estímulos y distracciones, pues más de dos minutos no son eficaces todavía en esta edad.
  • Si tienen cerca de dos años, además, ya les puedes explicar por qué, no está bien lo que han hecho.

De 3 a 5 años:

  • A esta edad ya empiezan a entender la relación entre las acciones que realizan y las consecuencias que éstas tienen. Así, es importante que les expliques a tus hijos qué se espera de ellos, las normas que deben cumplir y el porqué de éstas.
  • Sé coherente con estas normas: haz que las respeten siempre, y sobre todo, respétalas tú.
  • A esta edad también puedes utilizar el “tiempo fuera”.
  • Recuerda que reconocer y recompensar su buena conducta es muy importante, así como destacarles lo que deben hacer más que decirles lo que no deben hacer.

De 6 a 8 años

  • No les amenaces con castigos imposibles: seguramente no acabarás cumpliéndolos y pueden quitarte autoridad. Además, también pueden desmotivar a los niños y no cambiar su forma de actuar por pensar que lo tienen todo perdido.
  • Cumple con tu palabra: la coherencia es crucial a estas edades para no perder autoridad. A pesar de todo, eso no significa que no puedas dar segundas oportunidades.
  • El “tiempo fuera” también es eficaz en este momento, así como enunciar las consecuencias de las malas conductas.

De 9 a 12 años:

  • Imparte disciplina apelando a las consecuencias naturales de sus acciones: es decir, si no hacen los deberes, deja que vayan a la escuela y les pongan una mala nota. Cargar con esta responsabilidad les hará prender. Si con estas consecuencias no cambian, debes ser tú quién imponga vuestras propias consecuencias.

A partir de los 13 años:

  • Fija las normas en su rutina diaria: ya sea sobre los deberes, visitas de los amigos y hora de volver a casa: los adolescentes también necesitan límites, aunque las bases de la disciplina ya las hayan asimilado.
  • Permíteles cierto grado de control sobre su vida: deja por ejemplo, que tomen sus propias decisiones sobre su modo de vestir, peinarse o decorar su habitación. Esto hará que respeten las decisiones que todavía tú tienes que tomar por ellos.
  • Recompénsales también positivamente: por ejemplo, déjales volver a casa un poco más tarde si se portan bien.
  • Prevenir la mala conducta
  • Explícales las consecuencias positivas de una buena conducta.
  • Es importante que sepan también cuáles son las consecuencias negativas de la mala conducta.
  • Crea oportunidades para que tus hijos observen y practiquen habilidades interpersonales y académicas.
  • Supervisa a tus hijos: sé consciente de dónde y con quién están.
  • Si tus hijos son adolescentes, evita que se ven envueltos en situaciones que faciliten conductas problemáticas.

Es aconsejable que en ningún caso utilices el castigo físico, pues tus hijos podrían pensar que la violencia es una medida que pueden utilizar y no el diálogo, podrías dañar su autoestima, dificultar la comunicación entre vosotros, su capacidad de relacionarse, interferir en el desarrollo de su inteligencia, sentidos y creatividad, crearles ansiedad y hacerles sentir soledad, abandono, rabia y rencor. El castigo físico, es pues, una reacción que bloquea a los niños. En este sentido, tampoco es recomendable:

Según la edad de tus hijos puedes aplicar ciertas medidas que te ayudarán a definir los límites y a que sepan qué es correcto y qué no lo es. De hecho, según su edad, serán capaces de entender unas lecciones u otras y a medida que vayan creciendo, tus respuestas tendrán que variar.

Evitar las malas conductas también es sinónimo de prevenirlas. Es por eso que antes de que tus hijos hagan una mala acción ya has tenido que tomar medidas para evitarlo. Las principales medidas para evitar las malas conductas en los niños son:

Así pues, cuando tus hijos no se comporten como deben, ya sabes que la clave es saber qué hacer y qué decirles, hacerles entender por qué algo no está bien y enseñarles a corregirlo. Se trata pues, de hacer que refuercen sus conductas positivas y no de llevar a cabo acciones que puedan bloquearles. Además, recuerda que la prevención y la educación temprana en estas normas evitará que los niños crezcan desarrollando conductas negativas.

Fuente: Kids Health

Por qué los niños ven la misma película una y otra vez

Estamos acostumbrados a que un niño vea 200 veces seguidas su película favorita, que pida todas las noches que se le lea el mismo cuento o relea una y otra vez los mismos cómics y libros. Nosotros fuimos así. Pero, ¿cuál es el motivo? ¿Por qué sólo funciona en los niños? ¿Qué hace que una canción deje de emocionarnos cuando somos mayores?

La causa es el funcionamiento del cerebro de los niños. Están preparados para aprender habilidades mediante la repetición de patrones. Y no sólo habilidades prácticas o físicas (que explican el gusto de los niños por jugar siempre a los mismos juegos en el recreo, a través de las generaciones: para perfeccionar mediante la repetición), sino el propio sentido del mundo.

En el caso de las películas o la televisión, incluso seguir un argumento sencillo les supone un gran esfuerzo. De ahí que cada vez que vean la película se sientan contentos por entender cada vez mejor el hilo – mismo caso para los cuentos, los libros y las historias -. La repetición constante no sólo les permite desarrollar mejores habilidades cerebrales (lingüísticas y narrativas), sino que “la repetición literal – ver el mismo contenido una y otra vez – mejora la comprensión y el aprendizaje. Con los niños más pequeños, la repetición no hace que la atención decaiga, y está demostrado que incrementa la participación de la audiencia”.

Fuente: Javi Sánchez – Revistagq

Por qué hay que tener cuidado cuando le decís a tu hijo que es inteligente

Hace algunos días Salman Khan, el creador de Khan Academy, escribió un artículo acerca de cómo decidió poner en práctica una investigación que viene siguiendo hace años. Las conclusiones de esta investigación de la Dr. Carol Dweck apoyan la idea de felicitar a su hijo no por hacer bien cosas en las que ya es bueno, sino cuando demuestra perseverancia en cosas que encuentra difíciles; hacerle notar que cuando uno lucha por algo, el cerebro “crece”.

Siempre he admirado el trabajo de la doctora Carol Dweck y su investigación acerca de las mentalidades “estática” y de “crecimiento”. La Dr. Dweck explica que no son sólo nuestras habilidades y talentos “naturales” que nos traen éxito – sino si consideramos a los mismos con una mentalidad estática o de crecimiento.

Las personas que tienen una mentalidad “estática” piensan que su inteligencia o sus talentos son rasgos innatos y fijos: se tiene una cierta cantidad y eso es todo. Otras personas tienen una mentalidad de crecimiento: creen que su inteligencia se puede desarrollar, y que su cerebro es como un músculo que puede ser entrenado con ejercicio. Un grupo va por el mundo con sed y curiosidad por aprender, y el otro, queriendo sentirse inteligentes.

La mentalidad se mete en el camino del aprendizaje. Las personas con mentalidad estática están preocupadas pensando si van a verse inteligentes, o si van a hacer una tarea de manera excelente, y le tienen alergia a los errores. Por el contrario, las personas con mentalidad de crecimiento entienden que los errores son parte fundamental del proceso de aprendizaje. Experiencias prácticas del trabajo de la Dr. Dweck sobre mentalidad de crecimiento muestran un aumento de la motivación y el logro de los estudiantes. Una mentalidad de crecimiento promueve el amor por el aprendizaje, por enfrentar problemas desafiantes, y un aumento de la auto-confianza. Dweck resume: “con una mentalidad de crecimiento, los estudiantes entienden que sus talentos y habilidades se pueden desarrollar a través del esfuerzo y la perseverancia”.

Esto no implica que todos somos iguales o que cualquiera pueda ser el próximo Einstein, pero demuestra que todos podemos ser más “inteligentes” si trabajamos duro para ello. Es por eso que Khan decidió no felicitar a su hijo por hacer bien algo en lo que es bueno, sino por intentar (y fallar varias veces) en algo nuevo y difícil. Lo mejor es que nunca es demasiado tarde para preguntarte qué tipo de mentalidad tenés, y cambiarla si no te gusta la respuesta. Y yo te pregunto: ¿qué mentalidad estimulás en tus hijos o estudiantes?

Fuente: Mag. Karen Bendelman en Montevideo Portal